Archipiélago de San Andrés y Providencia

Esta pequeña isla, de 1 km2 de extensión, tiene un terreno accidentado y ecosistemas de manglar y de bosque seco tropical como el resto del archipiélago, propicios para realizar caminatas ecológicas, entre árboles frutales autóctonos, como el de la fruta de pan. Además, desde algunos puntos de la bahía de Santa Catalina es posible descender al mar de forma segura para practicar snorkel y apreciar la vida submarina. Conectada a Providencia por el puente de los enamorados, esta pequeña isla, llena de exuberante vegetación, es un imperdible en este paradisíaco destino.

Providencia y Santa Catalina se caracterizan por el alto grado de conservación de sus ecosistemas naturales, lo que las convierte en el entorno ideal para realizar caminatas en medio del bosque seco tropical, rodeado del mar azul turquesa. En ambas islas se pueden recorrer varios senderos ecológicos, entre los que se destaca Salt Creek, que comienza en el sector de San Felipe o Lazzy Hill, recorre la orilla de una quebrada y finaliza en una refrescante cascada.

Este colorido puente flotante de madera tiene 180 metros de extensión. Conocido en inglés como Lovers Lane, conecta las islas de Providencia y Santa Catalina y permite admirar el verde paisaje de ambas en medio del mar cristalino, mientras la brisa cálida del Caribe revolotea. Esta infraestructura fue construida sobre el antiguo canal artificial Aury, excavado por los piratas que en el pasado dominaban el territorio, como el mismo corsario Luis Aury que en 1818 quitó a los españoles el control de las islas y defendió la independencia de Colombia desde su fuerte, en Providencia.

Se trata de la playa más céntrica de la ciudad, está ubicada junto al malecón y se caracteriza por la arena blanca y el suave oleaje del mar. Para pasar allí un día de sol se recomienda descansar debajo de la hilera de palmeras, a un costado de la playa, o alquilar una carpa frente al mar.
Se puede llegar a Spratt Bight caminando desde la mayoría de hoteles, locales comerciales y restaurantes del centro de la ciudad, por esta razón hay una gran variedad de opciones para comer en los alrededores.

Este islote es uno de los lugares icónicos de San Andrés, parada obligada de todos los viajeros que desean pasar un día de playa desconectados del centro de la ciudad y rodeados de palmeras. Allí es posible encontrar una gran variedad de restaurantes típicos y bares próximos al mar que ofrecen cocteles como el coco loco o la piña colada.
Por ser un lugar famoso es muy visitado en temporada alta, sin embargo ya se han tomado medidas para controlar la carga turística del parque y restringir el número de visitas diarias. Se trata de un destino para pasar el día pues no está permitido pernoctar en él. Dentro del islote hay una zona de conservación con caminos ecológicos y especies de animales como el cangrejo rojo.

Para visitar este paraíso de agua cristalina con una llamativa barrera de coral es necesario tomar una lancha en la isla de San Andrés y hacer un trayecto de corta duración. Se recomienda ir allí a practicar snorkel por su gran variedad de peces de colores y otras especies marinas como erizos, estrellas de mar y mantarrayas. No se necesita tener experiencia en buceo pues el agua es tan poco profunda que incluso se puede caminar dentro del mar y tan cristalina que se puede ver perfectamente qué hay en él. Además la playa del cayo es blanca y suave, como en el resto de la isla, ideal para disfrutar de un día de sol. Los restaurantes de comida típica isleña son otro de los atractivos recomendados si visitas El Acuario.

A este pequeño islote coralino se puede acceder desde la costa, caminando a través de aguas con muy poca profundidad. Una vez se alcanza la pequeña isla se recomienda practicar snorkel para sumergirse en el mar y apreciar los corales del cayo, además de un antiguo barco hundido en el fondo del mar. Es un paseo ideal para compartir con niños gracias tranquilidad del agua, que brinda la sensación de estar en una piscina de poca profundidad.

En este increíble mirador se accede al mar desde la costa rocosa por trampolín, tobogán o escaleras. Con una infraestructura sencilla, se facilita el practicar snorkel en aguas cristalinas que tienen una gran variedad de fauna marina.
Allí se ofrece la actividad Aquanautas, que consiste en dotar al visitante con un casco que le permite respirar tranquilamente bajo el agua, de modo que pueda caminar en el fondo del mar y ver de cerca la estatua de Poseidón, única escultura marítima de Colombia, construida con materiales biosostenibles por el maestro Mario Hoyos.
Como el mar es profundo, para nadar se recomienda utilizar los chalecos salvavidas que allí se ofrecen y utilizar zapatos especiales para el agua. Para acceder a West View es necesario pagar un precio muy accesible y se puede llegar en transporte público fácilmente. Dirección km 11 # 10-987, Circunvalar.

Perteneciente a la sede Caribe de la Universidad Nacional de Colombia, este centro de casi 80.000 m2 conserva más de 423 especies vegetales. Esta inmensa diversidad se puede conocer a fondo en los distintos espacios que el jardín ofrece, como el sendero principal con sus diferentes representaciones de ecosistemas, el bosque de conservación, el tortuguero, los herbarios y el vivero, entre muchos otros. Uno de los fuertes de este jardín es la presencia de una gran variedad de aves, tanto migratorias como residentes, entre las que destaca la Chibcherry (Vireo Caribaeus), especie endémica de la isla. Teléfono (8) 513 3390/02 ext. 29640 PW www.caribe.unal.edu.co Horario Lu.-do.: de 9 a.m. a 5 p.m.

Este tradicional barrio, ubicado en el norte de la isla, es ideal para dar un paseo al caer la tarde y refrescarse un poco en medio del calor del día, mientras se recorren sus calles con casas de vivos colores, rodeadas de árboles frutales. Como su nombre lo indica, ocupa una posición elevada que lo convierte en un punto ideal para tener una vista panorámica del paisaje del resto de la isla y del mar turquesa que la cerca.
Uno de los mayores atractivos de La Loma es la iglesia bautista, fundada en 1844. Esta edificación blanca con techo a dos aguas de color rojo fue construida con madera traída de Alabama, Estados Unidos. Cada domingo se puede escuchar la música góspel que proviene de su interior, cuando los creyentes asisten a su congregación.